viernes, 29 de abril de 2011

Inteligencia superior

Qué listas son las madres. Los padres también, sí, pero es un tipo de sabiduría distinta, más práctica, más terrenal...lo suyo es más tipo McGiver. Lo de las madres es algo sobrenatural, es una sabiduría distinta, ancestral diría yo. Yo creo que entre los 9 meses de huevo kinder y el momento horrible del parto, pasa algo a nivel cognitivo-cerebral-universal que escapa al entendimiento humano. Lo suyo es omnisabiduría. Porque saben mucho y de todo.

Para empezar, las madres son expertas en finanzas y contabilidad. Saben cuánto vale todo y son capaces de hacer previsiones de durabilidad del dinero con exactitud matemática. ''Mama, ¿me das 20€? ''¡Cómo! ¿ya te has gastado lo que te di el martes?¿cómo puede ser si sólo tenías que comprar nosequé y vale tanto?'' o ''Toma 5€ y bájate a por leche al súper y subes también el periódico y el pan''. ''¿Tendré bastante con 5€?'', ''¡Hombre! Es que como no tengas bastante apaga y vámonos. Te tienen que sobrar unos 89 céntimos más o menos''. Y tal cual, oye, porque el margen de error era máximo de 2 céntimos. Ni el señor friki de la pizarra que suma en vertical berreando ''aaaaaaaaaaaazurupeliertricueentrcuatro!'' es tan rápido y eficaz calculando como mi madre.
Las madres, por ser madres, también son notarios. Ellas certifican y avalan, con una autoridad pasmosa, lo que haga falta. Las función de notario se manifiesta, por un lado, cuando tu madre es la que hace de jueza olímpica de todas tus volteretas en el agua o tiramientos por el tobogán. La secuencia ''mámaaaa, míra como me tiro, mirameeeeeeeeeeee, mamaaaaa!'' no deja de repetirse hasta que ella te da el '''muy bien'''. Sin esa certificación notarial, ni te quedas tranquilo ni dejas de dar porculo. Necesitas esa aprobación para seguir viviendo y que tu vida tenga sentido y, para ello, tienes que insistir hasta que te caiga una bronca por plasta o hasta que tu madre, a punto de ser canonizada y elevada a la categoría de santa, te de el ''muy bien''.Y cuando eso pasa, ya pueden venir los de la Real Academia y darte una butaca con letra que a tí, después de eso, te la sopla todo, porque como un ''muy bieeeeen cariño'' de tu madre, no hay nada en el mundo.  Las madres certifican, tienen la verdad universal y, si ellas dicen algo, es que es así: ''Mama, cuánto falta para llegar? es que tengo ganas de vomitar...'' Ella: ''nada cariño, si ya casi estamos. ¿Ves esas luces de ahí al fondo? pues el pueblo es ahí mismo ya. Descansa un poco que estamos enseguida''. Tú, pobre incauto, las luces esas no las veías nunca, pero como te acababas durmiendo con el colocón de coche que llevabas, cuando te despertabas doscientos quilómetros después, ya habíais llegado. ¡Dios mi madre, que exactitud de GPS! Por eso siempre se fía uno de lo que diga su madre, sea lo que sea, porque autentifican una verdad absoluta e inamovible que siempre se cumple. ¿Que los reyes no vienen hasta que te duermes? A las 21:00 p.m zulú estás tu ya en la piltra y apretando, a ver si vas a abrir un ojo y se van a ir porque les cortas el rollo. ¿Que en la piscina no te puedes mear porque si lo haces te verás rodeada por un círculo rojo, todos se reirán de tí y te llamarán meona? Pues nada, a aguantarse y a pedir que te acompañen al baño. ¿Que te duele la tripa porque te has puesto cieguísimo a chuches y ahora peligra la excursión del cole de mañana? Confirmación de experta: ''¿Que te he dicho yo mil veces de las chuches ? ¡la próxima vez me harás más caso! Anda, tómate este jarabe y a dormir.Y ya veremos como te levantas mañana ''.
Claro, es que a parte de ser financieras y notarias, tienen una licenciatura en medicina general con especialidad en todo. Diagnóstico relámpago de tu madre: ''Ui, tú no estás fina. Ven a ver que te mire... Uuuuuhhh, tienes unas anginas de caballo (siempre de caballo, si no, no son lo más) y una fiebre tremenda. Tómate esto después de este yogur (zasca, ya te habían encasquetado un yogur por la cara) y antes de dormir te tomarás otro''. También pasaba al revés, cuando eras tú el que iba a su consulta: ''mama, mírame que tengo aquí que me pica'', ''¿a ver? nah, no es nada. Ven que te ponga pomada y mañana ya está''. Y así era, tú. Joder con la doctora Quin...

A lo tonto ya sumando tienen tres licenciaturas, a las que hay que añadir la habilidad de encontrar cosas. Tú escondes en tu casa un paquete de tabaco a un amigo (el típico amigo que todo el mundo tiene). Lo escondes tanto que luego ni tú sabes luego dónde carajo lo has metido y no te lo puedes ni fumar porque no lo encuentras. Pero no te vayas a preocupar, que ya vendrá la zahorí de los cojones y lo localizará para que, cuando llegues a casa, te encuentres con el paquete de tabaco encima de la mesa y a tu madre esperándote con la cara de ''vente pa'ca que vamos a hablar tú y yo''. Y claro, explícale tú que no es tuyo, que ni siquiera has fumado porque no lo encontrabas y demás ostias, que esa conversación sólo acababa con un ''ya hablaremos cuando venga tu padre''.
Mi madre no sólo encontraba cosas sino que también las hacía aparecer. Situación clásica en mi casa: (gritando desde donde estuviera) ''mamaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿donde está la camiseta rosa que me gustaaaaaaaaaaa?''. Respuesta: ¿dónde va a estar? ¡En su sitio! (gran pista, si señor). Tú (gritando también): ''que nooooooo, que ahí no estáaaaaa, que ya he buscadooooooo''. Ella: ''¡Busca bien que verás como si voy yo sí que lo encuentro!''. Para empezar, ''buscar bien'' es un concepto que a día de hoy me sigue fascinando y, para continuar, era imposible que ella sí lo encontrara, porque habías mirado doscientas veces en doscientos sitios. Por eso tú, chulito de la vida y crecido porque sabías que esa camiseta NO ESTABA, la esperabas en tu cuarto, como retándola en duelo. Y era venir ella, y ¡zascas, ahí que aparecía la camiseta de los huevos! Que rabia... ¿¡Cómo puede ser?! ¡En el último cuarto de hora, que tú te habías pasado pila de ropa p'aquí pila de ropa p'allá, esa camiseta no estaba! Al final llegué a la conclusión que mi madre tenía una trampilla secreta a mitad de pasillo, de donde sacaba todas las cosas inencontrables con el único propósito de dejarme con cara de boberas. Y es una hipótesis que mantengo y que mi padre se encarga de seguir validando, porque él tampoco encuentra nunca esas cosas que ''verás como si busco yo si que están''.

Ahora bien, lo que más me fascina de las madres es que son, para jodienda nuestra, pitonisas y clarividentes. Si tu quieres esconderte de algo, tienes una información secreta o estás un poco torcido por lo que sea:¡sal del país cagando leches! Exíliate, vete a un campo de refugiados, desaparece de la faz de la tierra, cambia de identidad o lo que sea, pero ¡no vayas a casa!! Porque sólo entrar por la puerta y cuando aún tengas un pie en el Bienvenidos, tu madre te dará caza. ''Uuuuuhhh, ¿a qué hueles tu...? ¿has estado fumando ,eh?'', ''no mama, que va!'', ''que va ni que vu ni que ostias, lo sabré yo que hueles a fumadero que tira patrás!'', ''es que he estado en un bar donde todos fumaban...'', ''¿tú me has visto a mi cara de tonta, no? anda pasa p'adentro y quítate esa peste''. Para un pitillo rebelde que te fumas por chulear, y la mujer biónica que es tu madre lo nota desde el recibidor. Increible.
O bien entras a casa después de una día un poco reguleras (esos días de adolescente imbécil en que tu vida es un poco como una mierda inmensa) y con sólo decir  ''Hola''  al entrar, ella ya tiene lo necesario para desplegar sus poderes: ''Uuuuhhh, ¿venimos torcidos hoy, eh? ¿se puede saber qué te pasa?'' .Tú: ''nada''. Ella'' uuuui nada...¡te conoceré yo, que soy tu madre y te he parido...! a mi no me engañas... que no me lo quieras contar es otra cosa, pero a ti te pasa algo seguro, vamos''. Estas escenas a lo Anthony Blake me siguen dejando atónita aún hoy con la lejanía. Qué poder mental.
Lo peor para mí siempre ha sido la pregunta emboscada. Eran esas que te dejaban congelado y que te secaban la garganta en dos nanosegundos porque, además, te pillaban a traición: a medio pasillo o cruzando la puerta, pero siempre de espaldas a ella: ''¿Tú no me tienes que contar nada?''. Este tipo de preguntas tenían siempre un aroma a Santa Inquisición que te hacían apretar el culo inmediatamente como acto reflejo, porque pensabas ''¡¡Coooñio! ¡¡Ya lo sabe, la tía!!! ¡¿pero cómo!?''. Cerebro:/archivo/abrir/controldegestos/muecasfaciales. Respuesta: ''¿yo? que va, mama....'' . Pero ni poniendo el mejor rictus de poker stars arreglabas tu cara de flipe ni te salvabas de que te pillase por banda y te diera el golpe maestro: ''bueno, bueno...ya me lo contarás tú cuando quieras...''. ¡¡¡Iiiiissssssshhh!!!! Se me eriza el espinazo aún al recordarlo. Definitivamente, como agente de la C.I.A mi madre habría llegado a generala.

A todas estas habilidades hay que sumar la de mánager (es tu mejor promotora y la que mejor hablará de tí, siempre), la de confidente (mejor no se lo contamos a tu padre, porque se va a enfadar, y con razón), la de visionaria (... esto va a acabar como el rosario de la Aurora.. y si no, ¡tiempo al tiempo!) y la de inspectora de sanidad (''te has lavado bien las manos? a ver que las vea yo'' o ''¿has limpiado tu cuarto? ¿pero bien? voy a ir a ver, ¿eh?'' -5 minutos más tarde- ''¡Esto no está limpio!''...) y así, un largo etcétera de gestos de sabiduría y destreza mental que me hacen pensar que las madres, la mía por lo menos, tienen poderes. Ah, y lo saben todo.
Tanto Wikileaks y tanta ostia...pandilla de aficionados.


lunes, 18 de abril de 2011

¡Cómete el pollo!

  No descubro América si digo que en la vida, como en todo, hay categorías para las cosas. En el mundo de la tónica, por ejemplo la Schweppes es a la Nordic Mist lo que un Seat Panda a un BMW. Y no es lo mismo hacer deporte con unas bambas Victoria, que por modernas que sean ahora siguen siendo cutres, que hacerlo con unas Nike equipadas con sus cámaras de aire y sus aislantes varios. Hay categorías, lo que yo decía.
Pero es que hoy me he dado cuenta que también hay categorías para las emociones y los estados de ánimo. Es una especie de jerarquización que sitúa a algunas emociones en el ámbito de lo público mientras que a otras las relega a la clandestinidad. Todo estado anímico que sea del segundo grupo, como por ejemplo ''estar cabreadísimo'', no debe mostrarse en público tal y como se siente. Si te pasa eso, tienes que callarte, disimular o sacar la flema británica que convierta el ''me cago en tu vida, vaya putadón que me has hecho, pedazo de mamón'' en un ''disculpa, pero creo percibir que me has ocasionado alguna molestia, tú, gran lactante''. Esto es tan tonto y tan absurdo como pretender oír un ''perdona, me acabas de pillar un huevo con la bisagra de la puerta'' con sosiego, calma y sin que al perjudicado le salten las lágrimas (como poco).

Con la broma de la elegancia y de ''quedar como un señor'', nos han timado pero bien. A ti alguien te hace una putada monumental, de esas de pero-serás-cabrón y que te duelen desde el minuto cero, y ¿qué haces? Nada, porque ''no vale la pena''.¿No vale la pena enfadarse? ¿No vale la pena que algo te duela? No vale la pena ¿qué? ¿comunicarlo? ¡Mentira! Lo que pasa es que nos han vendido el fenómeno tragarse el cabreo y comérselo solito en casa como el colmo de la dignidad y la elegancia, y así vamos por la vida: con enfados por resolver, la bilis tan corrosiva como la mierda de paloma y un montón de información pendiente de publicar que,de soltarse, probablemente evitaría muchos problemas. Pero no, el cabreo no se enseña hombre, que es mucho mejor ''quedar como un señor'' y ''no perder los papeles'' (Nota mental: averiguar qué pone en esos papeles que hace que sea tan importante que no se pierdan)

Nos obligamos a no demostrar el cabreo porque eso nos puede llevar a montar una ''escena''. ¿Qué ostias es una escena? Momento r.a.e: ''cada una de las partes en que se divide el acto de la obra dramática, y en que están presentes unos mismos personajes''. Aquí no dice nada sobre disimular lo que te pasa, no llorar en público o no manifestar tu estado, me van a perdonar. Con lo cual, me pregunto: ¿de qué me tengo yo que esconder en pro de la elegancia? ¿Por qué no es chic demostrar que llevas un mosqueo imperial? ¿por qué hay que disimular y encajar las cosas como un puto ninja que ni siente ni padece? Porque nos han vendido que hay algo mucho mejor: la indiferencia. Y me pregunto yo: esta mierda de la indiferencia molona ¿de dónde ha salido?¿Es mejor para quién? Para el que se queda el rebote dentro, no, eso seguro. Pero claro, el cabreo es de segunda regional y, ya se sabe, es mejor que no salga y que no se hable de él, porque hace feo.

El aburrimiento atroz tampoco luce. Tu estás hasta el huevámen de estar en algún sitio o de aguantar a alguien, y ante la pregunta ''¿te aburres?'' o ''¿quieres que nos vayamos?'' ,tú qué dices: ''nooooo, hombre, es solo que estoy cansado''. O ''no no, por mí no te preocupes, si estoy la mar de bien''. ¿Por qué mientes, fullero? Si en realidad vas loco por que abran el corral y poder huir de la brasa que te están dando... Pues se miente porque decir que ''sí'' a alguna de esas dos preguntas, según nos han dicho, ''hace feo''. Es de mala educación. Es grosero y hay que aguantar la tostada hasta que el otro se canse o te mate de sopor. Pues no me da la gana. ¿Por qué no puedo contestar a la pregunta? Lo lógico sería poder decir que sí, que para eso han preguntado. Pero claro, quedas mucho más elegante si aguantas el chaparrón y te cagas en tu mala suerte (por dentro y sin que se note, sobretodo).

Montar un pollo/escena/numerito es algo que, de tanto ver belenes estébanes y demás escoria por la tele, ha quedado relegado a algo ordinario que sólo los canis, garrulos descerebrados de gran hermano y demás quillería televisiva pueden hacer. Y me indigna mucho que semejantes palurdos me quiten un derecho universal y deformen un concepto que, en realidad, no tiene nada que ver con gritar verduleramente o pegar coces. Yo hablo de recuperar la versión civilizada del término: el derecho a estar como estés y que tu expresión sea coherente con lo que te pasa. A demostrar lo que uno siente tal como es y con el tono que corresponde y no en función de lo bien o mal que vas a quedar. Porque si estás ofendido, lo estás, y tienes derecho a decirlo sin parecer Pedro Piqueras soltando el telediario. Y si estás indignado lo estás, y debes poder comunicarlo con la vehemencia que se merece. Pero esto no va así, porque la moda ahora es ser estoico y enseñar sólo lo que el mundo consiente: los estados de primera.

Un estado de primera es la preocupación. Si estás preocupado sí que puedes dejar que se note, porque el aire ese circunspecto te queda bien, te da un rollo como interesante. O si eres un soseras sin opinión que no tiene nunca nada que decir tampoco pasa nada, porque eres callado y también quedas bien en cualquier reunión. Si estás cansado también puedes dejar que se note un poco, sin abusar que luego te tildaran de quejica, pero en su justa medida te hace parecer alguien con una vida intensa, así como guayón. 
Si estás otras cosas y actúas en consecuencia cuidado, porque o eres un histérico y un dramático o un chabacano que pierde los papeles.
Que este juego del disimulo se haya perpetuado en el tiempo es culpa de expresiones peliculeras y estúpidas como ''¿me vas a montar un numerito?'', o ''mira, cuando te calmes, si eso, ya hablamos''. ¿Cuando me calme yo? Manda cojones...No hay nada mejor para hundir al contrario que hacerle creer que el loco y el cabrón es él, y lo increible es que esta táctica tan burda de confusión sigue funcionando por años que pasen. A mi, personalmente, la expresión que mas me jode es el ''No te enfades, mujer'', porque me parece un insulto en toda regla. ¿Que no, qué? No ME enfades TÚ, gañán ¿o te crees que me enfado sola, así como por ciencia infusa? Un cabreo no es un estornudo, que se presenta por sorpresa y se puede amortiguar. Es lo que es: la consecuencia directa de una putada, y tiene dos implicados: el responsable (y ejecutor del acto desafortunado) y el que lo sufre (el cabreado). Y no son roles intercambiables. Que no me enfade, dice... que mal momento has ido a elegir para pedirme favores, hijo.

Lo que yo no entiendo es quien decidió, un día, que algunos sentimientos eran de primera y otros de segunda. ¿En qué momento nos vendieron la moto y nos explicaron que ''quedar como un señor'' pasaba por guardarse la mierda ajena dentro? ¿Qué estreñido dijo que era más elegante y más digno no decir las cosas con la pasión que merecen? A mi me da igual donde carajo se me hayan podido caer los papeles de marras o cuán tocada crean algunos que tengo la dignidad. Si estoy con un rebote histórico y tengo razón, si estoy tan irritada que pierdo el tono neutral de contestador automático, si me da por llorar y cagarme en algo o si hablo con la contundencia que mi estado emocional reclama, estoy montando un pollo, sí, y estoy en mi derecho.

martes, 5 de abril de 2011

Justicia masculina


Quienes me conocen saben que soy una defensora acérrima de la mujer y sus derechos y que detesto las cosas que se supone que, por ser mujer, se da por hecho que una sabe y debe hacer. Pero hoy he descubierto que hay un asunto en el que a las mujeres se nos respeta mucho más que a los hombres: el pelo.
Si, ya, a tías tenemos que sufrir la tortura vietnamita de la depilación y da mucha rabia esta presión de estar siempre perfectas, pero ¿qué pasa cuando una mujer se queda calva o tiene poco pelo y decide ponerse una peluca? Pues que al cruzársela por la calle uno se dice ''ai pobreta que poco pelo debe tener'' o uno piensa ''qué melenón, madre!'' en función de si la peluca la lleva la señora Charo de la pesca salada o Beyoncé. ¿Pero qué pasa si un hombre se queda calvo y se pone peluquín? Pues que es la guasa de España. Y esto es así, tan injusto como cierto.
Ahora venía por la calle y he visto un señor con bisoñé, horroroso además, de color moqueta y con una forma rarísima que le quedaba como si llevase un librito abierto encima de la cabeza. Y claro, igual que para mí, ha sido motivo de miradas y medias sonrisas para el resto de peatones que nos lo hemos cruzado.
Llevar un peluquín siendo tío, es motivo de chistes y descojones varios. ¿Por qué? Porque los fabrican para eso, para que se vean a doscientos metros y los peatones tengamos entretenimiento durante todo ese rato. Si no, no entiendo cómo puede ser que, en los tiempos que corren y con los avances tecnológicos que se han desarrollado (señores, ¡hemos enviado un hombre a la luna por favor!), se sigan haciendo tan mal, de colores tan mosqueantes y con esas formas tan singulares que delatan la calvidie del señor que, encima, ha pagado no se cuantos euros por esos flecos chusqueros que no cumplen su función: disimular su ''problema''.
Señores diseñadores de peluquines: júntense con los de Azucarera Española y hagan el favor de invertir en I+D, que ya está bien con las chapuzas de unos y otros.
Entre los que se levantan con el aire de esa manera tan sospechosa, como de la mitad hacia fuera (coño, si hay pegamento para las encías y los piños postizos, ¿por qué no habrá uno potente que resista la brisa?), los que quedan tiesos por detrás que hacen que su propietario parezca el siguiente en la lista Gabi Fofito Miliki y Milikito, y los que tienen esa forma de Biblia sucia abierta justo por el medio, no hay señor que se libre del escarnio. Es una injusticia, me van a perdonar. Pero se mea uno de la risa, eso también es verdad.
Quedarse calvo, tanto para hombres como para mujeres, no es fácil de llevar. Con los años se ha llegado a una solución consensuada que, a ojos de los demás, permite a los señores conservar la dignidad: raparse. Ahora bien, como uno elija otra opción que no sea ésta, como por ejemplo dejarse largo el pelo que sí nace para luego repartirlo por el cráneo a modo ensaimada-cortinilla tipo Anasagasti: malo, porque la gente lo mira con asco y vergüenza ajena. Y si uno elige ponerse un apaño de pelo Toys'R'us, convencido de que es mejor eso que nada, agárrate con los comentarios: que si mira qué pesebre lleva ese, que si sólo falta ponerle la mula y los tres reyes; que si tela con el felpudo que lleva el amigo, que se ha olvidado de grabarle un Bienvenidos; que si llama a los de la protectora, Puri, que ese señor ha matado a su gato para taparse la calva, etc. Esto por no hablar de los codazos, risas, miradas y carcajadas amortiguadas que acompañan al señor a la que sale a la calle, sobretodo cuando uno ve claramente que el color del bisoñé no encaja nada con el del resto del pelo. ¿No hay catálogo de pantones para eso? ¿A qué se debe esa obsesión de los fabricantes de hacerlos todos de color gris marengo jaspeado? Porque yo siempre los veo de ese color, gris indefinido y de textura pajiza. Otra duda ¿no le echan suavizante pantene ahí? ¿no hay mascarillas para madejas? O ¿no hay otras fibras para hacer que el bisoñé no parezca un borruño hecho con cualquier cosa que hemos encontrado por ahí? Pónganle un poquito más de empeño y de cariño, por amor de Dios...

Viendo el percal que hay en producción de falsas pelambreras, se entiende que llegue el día en que un señor, harto de sudar intrapelo, cansado de pegarse la plasta peluda cada día y aburrido de ser la risa de la calle, decida salir del armario (o meter el bicho dentro, mejor dicho) y lucir su calva. Claro que sí, ¡liberación! Lo que más gracia me hace y más atónita me deja, es el aire de misterio desvelado y de sorpresa que le dan al acto de ''soltarse el pelo'', como si fuese unsecreto que debajo de esa lana enmarañada había cartón. ¿Qué se pensaba, señor, que las risas que oía por la calle y los codazos eran por su parecido con algún guaperas? ¿Acaso usted no vio nunca lo realmente rrrrrrrrrrrrrrraro que estaba coronado con una cobaya y lo increíblemente evidente que era aquello? ¿Es que con el bisoñé venían también las gotas para los ojos que le impedían ver lo que el resto de personas veíamos a doscientos metros? Hombre por favor...
En cualquier caso, sea más digno o no el uso de bisoñé, los hombres también tienen derecho a llevar complementos horripilantes sin tanto choteo...Será que es mucho más estético ver a señoras con los labios rellenos, arrugados y perfilados de marrón, a modo restos de colacao... buej!

martes, 29 de marzo de 2011

Las cosas por su nombre

Me gustan las palabras tanto como el rigor a la hora de usarlas, y me llama mucho la atención lo mal entendidos que se tienen algunos conceptos. Hoy le toca a la sinceridad, cuyo significado está, a estas alturas, deformado y pervertido, y es el arma que usan algunos para decirte a la cara, sin tacto ni asertividad, que lo que llevas puesto te hace forma de tinaja o que tu curro o lo que sea que has hecho es una mierda. Me molesta, sobre todo, que después de soltarte estas bocanadas de mala leche concluyan con algo así como ''yo es que soy muy sincero y te lo tenía que decir''. Mira no, me van a perdonar pero no. Eso es hacer un uso de la sinceridad cabrón y en pro de algo que en estos casos no existe, que es querer bien.
La sinceridad, como concepto más amplio que el de simple insulto disfrazado, es mucho más que una crítica a pelo y bajo la coartada de ser transparentes, que de tan transparentes algunos van cegando con los cantos. Sinceridad significa (momento R.A.E) ''expresarse libre de fingimiento'' (que no de buen gusto y tacto). Esto implica valentía y seguridad suficiente en lo que se dice como para no necesitar excusas (nombre educado que, en este contexto, reciben las trolas más infames). Por eso hay que usar la sinceridad cuando toca, con propiedad y rigor, que es cuando realmente cuesta. Porque a veces cuesta, y mucho.
Me refiero a momentos como cuando un extraño, alguien a quien aún conoces poco o alguien comprometedor te pide el Facebook. Qué papelón. ¿Qué hacer? Yo digo no, clarito y clarinete, y si me preguntan por qué, me explico: ''pues mira, porque es privado, te conozco poco y en mi Facebook procuro tener personas con quien comparto algo, confianza para empezar.'' Y punto. Con esto, consigo conservar mi privacidad (o mis manías, llámalo como quieras) y, además, lo hago sin decir nada ofensivo, aunque no todo el mundo se lo toma bien. Precisamente porque no todos lo encajan bien, muchos de los que se encuentran en esta tesitura optan por pringar o trolar, una de dos, y esto lleva a situaciones como darle el Facebook y cagarte en todo por tener ese pegote en tu lista de amigos; estirar al máximo el tiempo de aceptación de la solicitud,  o bien inventarte mentiras como ''ah no, es que lo miro muy poco yo el Facebook'', o ''me voy a quitar ya mismo''. Otra variante son los que optan por ampararse en los misterios de la informática, esa gran aliada: ''uy, no me funciona bien, no me deja aceptar más amigos'' y cosas por el estilo.

Te invitan a algo que te da una pereza de la muerte y que es una especie de ''compromiso'' (otra gran palabra mal entendida). ''Oye, que es el cumpleaños de Alfonso y hacemos cenita y regalo entre todos. Te apuntas ¿no?''. Resulta que tú con el tal Alfonso tienes una relación justa, cordial, de simpatía, algún desayuno con el resto de compañeros...y ya. Pero como aparentemente hay un ''compromiso'' que te impide actuar con franqueza, te pulen 70 € del ala con el Alfonso de marras: 15 € para el regalo y 55 € de cena y copas...mínimo.
Yo me harté en su momento de las ''ceniquis'' las ''fiestukis'' y los regalos grupales de los huevos, porque son un invento del diablo y decidí no pasar más por este aro que se mantiene en el tiempo bajo el absurdo comovoyadecirqueno. Pues mira, así: ''Mira, yo no voy a venir ni voy a colaborar en el regalo porque apenas lo conozco, sinceramente (aquí sí), y creo que estaré un poco fuera de lugar en esa cena. Pero en cualquier caso, gracias por invitarme''. Gracias tu padre, en realidad, porque me invitabas para hacer bulto que y el regalo os saliera mas barato, malandrín... Pero bueno, en cualquier caso, esta es una manera sincera y educada de declinar una invitación que te va a dejar tieso y que no te aportará nada.
Puedo jurar que, practicando esto, no ha habido ninguna catástrofe a escala mundial tras decirlo, sigo teniendo amigos y mi bilis descansa tranquila. ¿Qué me ahorro? 70 pavos  (que me gastaré en mis cosas) y un cabreo en mi casa mientras me visto para la cena, encabritada y protestando porque no quiero ir. ¿Qué me gano? Probablemente alguna mirada de reprobación por parte de algún compañero que me tilde de roñas. Pero bueno, ya he dicho que ser sincero y actuar en consecuencia implica valentía, que es de lo que carece el compañero de curro bobalicón que te mira mal porque vas a hacer lo que el querría, ahorrarse pasta y quedarse en casa tan ricamente.

Una cosa que me hace mucha gracia es esta manía de creer que hay que dar una explicación, cuanto más detallada mejor, para justificar una decisión o una respuesta. La excusa, vaya. Cuanta más información ofrezcas, además, parece que cala más hondo, es más creíble y tu culo está más a salvo. ''Oye, la semana que viene hacemos una barbacoa todos, que hace un montón que no nos reunimos, y tal…''. A ti te apetece un carajo la barbacoa, pero vuelve otra vez el fantasma del comodigoqueno. Así que se abren ante ti dos caminos: a) decir: ''ay pues mira, no me apetece mucho. A la próxima si estoy con ganas me uno''. Y punto. O bien, b) decir: ''ostiaaaa, que putadaaa, pero es que no puedo porque tengo una comida con mis suegros, que pobres lo están pasando mal porque plis y porque plas, y claro, no les voy a hacer el feo de no ir porque tampoco están para muchas fiestas, sabes? Pero a la próxima si hacéis voy fijo, tío, no me la pierdo!''. Maldito bellaco. Luego pasa que, por imprevistos, se cambia la fecha de la barbacoa y acabas pringando costillitas en mano, porque o bien tu fantasía y tus reflejos no dan para tanto cuando toca inventarse otro compromiso, o bien porque una excusa peliculera vol.2 canta marisqueramente.
Decir que no te apetece y punto no es ningún delito ni es ofensivo. Solo es sincero, sin más. Y el mismo derecho tiene uno de proponer planes como lo tiene el otro de decir 'no gracias'. Pero no, se opta antes por hacer un despliegue de imaginación y contar vida y milagros de la familia política o por inventarse un peliculón de sobremesa antes de decir lo que hay.

Y es curioso porque, normalmente, el género del peliculón que uno se inventa no es cualquiera, sino que siempre es drama y del duro. De la misma manera que Rambo cuando no tiene metralleta mata con puñal, cuando uno no tiene capacidad para ser honesto y valiente tiene otra arma (cutre pero funcional al fin y al cabo) que es la capacidad de dar pena. Seh. Si tu no quieres decir la verdad para que no se enfade nadie pero no quieres que insistan, nada como una excusa lastimera para ahorrarte la pesadilla del ''venga vaaaaa, veeeeen'' o el cabreo del otro. Entonces, para evitar eso, tu coartada tiene que ser algo así como: ''no, es que operan a mi abuelo y no podré venir, porque el pobre está mal y queremos estar todos con él''. Respuesta inmediata del insistidor: ''hostias tío, pues nada, que vaya todo bien...''. Y aquí se acaba el tema. ¡Ruin, que eres un ruin!. Variante dos: ''no tío, no puedo hacerte el favor porque es que estoy con un virus estomacal desde hace una semana, que no he ido ni a trabajar, y estoy que ya vomito sangre....'' Respuesta: ''hostiaaaaa neeen, pues cuidate mucho eh? Venga no te molesto...''. Y te dejan tranquilo, claro... ¡Vil! ¡Que eres vil!
Dar el cambiazo ofreciendo fantasía compasiva en lugar de sinceridad es un clásico. Y es que, generalmente, la gente es cobarde y sabe que ante la compasión no hay opción para el cabreo. Si consigues darle pena a tu oponente estás salvado, porque no se puede enfadar. El cabreo ajeno es una de las cosas que peor lleva el ser humano. No soportamos que alguien se enfade con nosotros, porque nos carcome, nos inquieta, nos ataca a la mala conciencia y, en su fase final, nos cabrea. Enfadarse porque hay otro enfadado con uno es un grandísimo bucle, al que no se llegaría si se tuviese la suficiente madurez para decir la verdad sin tanta excusa y se hiciera un uso literal de la sinceridad. Pero eso ya implica ser rigurosos con el lenguaje.

martes, 22 de marzo de 2011

Mala gente

¿Qué diferencia hay entre un perro y un gato? Dejando de lado las evidentes, de tipo morfológicas y de especie, hay una cosa que los separa aún mas: la dignidad.
Los gatos y sus dueños mantienen una especie de pacto tácito que consiste en tunometoquesloshuevos y yonotetocolostuyos. Eso significa: tú no me disfrazas con trajes que serían humillantes hasta para un Ken, y yo no te dejo el sofá como una chaqueta india de flecos. O tú no me compras ni me pones chubasqueritos Louis Vuiton, y yo meo en mi caja y no te mareo con pipis a deshoras. Una firmita por aquí, hala,y ya tenemos el contrato vital con el que unos conservan el amor propio y otros dejan de gastarse pastizales en estupideces.
Este es un pacto al que, lamentablemente, perros pequeños y amos aún no han llegado. Nótese la distinción entre ''perros'' y ''perros pequeños'', porque es evidente que no hay pelotas de ponerle un chubasquero a un Rottweiler o un jerseicito de cuadros una mole como el San Bernardo.
Con el mito de que los gatos son ariscos, son muy independientes, van a lo suyo, etc, han conseguido conservar dos cosas muy importantes para cualquier especie: respeto y dignidad. Como son rancios por naturaleza y déjalo que a los gatos no les gusta que les moleste, se les respeta y no se les toca mucho las pelotas. Yo no he visto nunca a nadie que le compre abriguitos, collares de perlas, lacitos, diademitas y demás mierdas a un gato. Los gatos van en bolas, en bolas y a su bola. Han sabido crearse una leyenda de chungos que les evita humillaciones.
A los perros pequeños, pobres desamparados, con la broma que son falderos, que son fieles y que necesitan mucha atención, se les putea como a nadie. Estas criaturas no han sido tan listas en lo que a branding se refiere, y no han sabido inventarse una imagen de marca que les posicione y les aporte ventajas.
Yo he visto perros disfrazados por la calle de maneras que nadie creería. Lo que viene a continuación está basado en hechos reales y cualquier parecido con la realidad no es parecido, es tal cual lo cuento:
- el perro con botas: calle Aragón con Cartajena, 8:30 de la mañana y 20 motos paradas en un paso de cebra esperando el verde del semáforo. Por la derecha se dispone a pasar una señora Encarna, con chándal abrigo y zapatillas, que llevaba a su Chuqui (o Puqui o Muqui o Goofy, da igual) con 4 botitas rojas con lazos y un andar....digámosle peculiar. El look de Encarna ya dice poco de su buen gusto a la hora elegir indumentaria, cierto. Pero...¿era necesario avergonzar al perrito, Encarna? ¿No cree que Chuqui tiene derecho a pasear sin parecer el miembro tonto de los Trotamúsicos? Se podría suponer que igual las botitas cumplían una misión de protección, como esas campanas que se les pone en la cabeza cuando se les opera de algo. Pero no señores, este supuesto se va a la mierda cuando una  servidora se da cuenta que las botitas de marras eran de terciopelo y con algún adorno que no alcancé a distinguir. Conclusión: señora Encarna, es usted una mala persona. Por humilladora.
- Un perrito con visera. ¿Qué te parece? Tengo un testigo que puede corroborar esta estampa, conste. Esto se dio en un chiringuito de playa guayón en una isla griega en el que paramos, una amiga y yo, a repostar un rato. Llamamos al camarero y, detrás suyo, vemos que avanza una señora-momia de edad y apariencia similares a Zsa Zsa Gabor, con un perrito blanco metido en su bolsa de la playa y decorado con una mierdi-visera verde. Visera verde, amigo, como las de esos contables antiguos de las pelis que usaban visera y manguitos. ¿Es acaso su perro, momia enjoyada, contable o croupier? ¿es que la visera verde le hace conjunto al animalito con el bolso y los taconcitos que también lleva puestos y que gracias al Señor no vemos? Por dios... Señora Zsa Zsa, es usted una mala persona también. Por ridiculizadora.
- La funda choped. Esta forma de tortura la vi ayer, justamente. Voy por la calle en modo recados y veo, delante mío, la siguiente aberración: perrito de raza X al que habían abrigado con una especie de funda-silla-de-montar-abrigo de algún material similar a la lana. Como éste hay muchos, si, pero es que a este pobre animalico, la funda le venía mal, le iba rara, le tiraba de sisa, le quedaba apretada y le hacía andar raro. ¿Sabes cuando te agarran para una conga y te toca bailar esa abominación de coreografía pierna-derecha- arriba-hey pierna- izquierda-arriba-hey? Pues ese perrito hacía la misma pinta que al que le toca pringar el último en la conga, que es el único que no tiene nadie que le tape la retaguardia y queda al aire todo ese repertorio de gestos ridículos. Señores dueños del perrito conga: si todos sabemos que unas bragas/gallumbos cortos de tiro son un tormento, imagínense si encima vas enseñándolos por la calle y no tienes manos para apartártelos cuando se te meten por el culo. Son ustedes mala gente. Y punto.

¿A qué viene esta moda del perro tunning? Por la tele salen incluso con cazadoras de piel estilo motero o con gorritas ridículas a modo hip hop. ¿Qué será lo próximo? ¿Pircings? ¿Algún alerón arodinámico? Va hombre va... es un perro, no un coleccionable al que vestir tan ridículamente como va el amo, por Dior!
Yo no he visto nunca ni gatos así de puteados ni dueños de gatos con malas ideas como éstas, lo que me hace pensar que expresiones como ''qué vida de perros'' o que te hagan ''perrerías'' tienen su razón de ser. El perro será el mejor amigo del hombre, pero a la inversa me da a mí que no funciona el refrán. Manda huevos... 

lunes, 21 de marzo de 2011

Si te pico no me acuerdo

(mooooooooooooooccckk)
- ¿Siiii?
- ¡Yo!
- !Te abro!
diálogos mendrugueros como este son los que, imagino, dieron origen a avances tecnológicos tipo programa de reconocimiento de voz y cosas por el estilo. Porque vamos, si no, no me explico de qué otra manera pudo haberse inspirado el inventor.

¿Cómo es posible que desde el nacimiento del interfono, no se haya cambiado nunca esta fórmula de apertura de portales? ¿Se puede decir algo más insensato y con menos funcionalidad? ¿Hay alguna respuesta más imbécil que ''yo'', a la pregunta, rara a la par que poco eficaz, compuesta por un simple ''sí''? Es de ser bobacos... Pero, si lo pienso, es muy difícil encontrarle otra variante a la cuestión del picar porque, de tan integrado que lo tenemos, cualquier otra solución es más ridícula, si cabe, que la anterior.
Para empezar, preguntar con un ''¿sí?'' es tan útil como decir ''¿agapornio?'' o ''¿cachalote?''. Y me paro a pensar: ¿por qué se usa el ''sí'' en tono pregunta siempre que tenemos un teléfono en la mano? ¿Va con el aparato? ¿Es uno de esos fenómenos Pavlov estímulo-respuesta que hace que, a la que un ser humano agarra un auricular sonante, conteste preguntando automáticamente con un ''si''? ¿Si, qué? A ver, si lo que se quiere es información, existen fórmulas mucho mejores y que igual dan mejor resultado. Así a bote pronto....se podría preguntar, por ejemplo ''¿Quién es?''. Es directa, sencilla, fácil de recordar y va de un tírón al asunto que nos ocupa: obligar al otro a identificarse y saber quién carajo pica al interfono.
Al interfono no se llama, se pica. Porque nos molesta. ¿Es necesario que todos los timbres de interfonos suenen tan mal? ¿No hay otra manera de llamar nuestra atención que dando rabia con ese ruido de mierda que, además, tiene la habilidad de pegarte unos sustos del copón? (nota mental: escribir queja a Telefonillos de España). Lo curioso es que cuando pica alguien a quien no se espera, se da siempre la misma secuencia: 1- susto; 2- pregunta al aire: ''oix, ¿quien coño es?''; 3- (auricular en mano)''¿sí?''. ¿Por que cuando uno agarra el auricular no se le ocurre usar la frase que acaba de formular en punto 2? ¡Si ya lo teníamos! No lo entiendo.
En cualquier caso, lo que me mata a mi es la necedad del contestante al interfono:''¡Yo!''. Boh gracias, chaval. Con todo el ruido que hay en calle de personas tráfico y ambulancias, ¿no has encontrado palabra más corta que pudieras usar para identificarte? ¿Te has propuesto acaso poner a prueba mi capacidad para reconocer sonidos casi imperceptibles al oído humano? Podrías probar con un silbato para perros, a ver si también lo oigo. O ya puestos, podrías decir ''ñu'' o ''je'' porque, al fin y al cabo, duran lo mismo y me dan la misma información que ''yo'': ninguna, chato.
Mi teoría es que decimos ''yo'' porque nos suena rarísimo decir nuestro propio nombre a una placa metálica, en la calle, solos, y medio gritando. Y nos suena más raro aún cuando la persona a quien picas es de confianza. Tú dices ''soy Eugenio'' cuando no te conocen, cuando llamas al timbre de alguien con quien aún tienes poco trato. Pero decirle a tu madre o tus colegas, vía telefonillo, ''soy Eugenio'' es raro, como impersonal. El ''yo'' nos reafirma, nos da una posición de confianza en el grupo y, seguramente, es la razón por la que decimos todos lo mismo.
Decimos lo mismo y hacemos lo mismo. Porque si hay un gesto común en todos los portales del mundo es el de hablarle al interfono como si hablases con Dios: amorrado a las rayitas del altavoz y mirando hacia ninguna parte. ¿Tan desagradable es mirar las teclas de cerca? Si no eres de este tipo, eres entonces de los que mira abajo, a tus pies, como avergonzándote de estar picando. Es imposible picar a un interfono y que tu columna y tu nuca sigan alineadas.
Y también es imposible no tener ansias por entrar. Picar a un portal es una situación que nos da como corte y que preferimos no alargar mucho, porque estás solo, expuesto a la vista de todos con tu posición rara y vas loco por entrar en zona segura. De ahí que cuando te dicen ''!te abro''! (gran anuncio también,) y oyes el casi imperceptible sonido ''riiiiiiiiiitttttt'' del mecanismo , tu vas y empujas vikingamente, como para derribarla. ¿Por qué? Porque todo el mundo vive ese momento con ansiedad y tu cebrero te dice ''¡cooorreee y dale fuerteeeeeee!'' porque, como no abras, tendrás que hacer algo muy cabreante: volver a picar. Iiisssssh, como jode. A mi, particularmente, me cabrea mucho que no me de tiempo a entrar y me sulfura esa manía que tienen algunos de darle al botoncito de abrir sólo tres nanosegundos. ¿Acaso tu botón está en llamas y es por eso que no puedes tocarlo más de un segundo, cabronazo? ¡Aprietaaaaaaa hombre!
Una vez a salvo en el portal, nadie se libra tampoco de la siguiente pantalla: la mirilla. Qué inventazo y cuánto juego da. Ante la mirilla, según mi estudio, hay dos posturas universales con sus actitudes correspondientes: a- vista al frente, inmóvil, brazos cayendo a ambos lados del cuerpo, barbilla ligeramente levantada y globos oculares moviéndose alternativamente del lado superior derecho, al lado superior izquierdo, como repasando con la vista el marco de la puerta y b- cabeza mirando al suelo, mostrando la coronilla al público, cuerpo un poco inclinado hacia adelante ligeramente en diagonal y sostenido por un brazo que se apoya en el marco de la puerta, a modo cuña.
En la vida me he encontrado con una escena distinta, y puedo asegurar que llevo años contemplando desde el agujerito de la puerta esta tradición postural universal.
La mirilla es una gran invento, no solo para usarla por precaución sino también por diversión. El hecho de saber que te pueden mirar sin que te des cuenta, y encima con forma de ojo de pez , es inquietante (¿es necesario que veas a la gente como si se mirasen en el reverso de una cuchara? Plataforma pro mirillas que no nos deformen).
Mi puerta está al lado del ascensor, con lo cual tengo un tiro de cámara cojonudo para mirar lo que hace la gente mientras espera. Y, curiosamente, eligen mayoritariamente la primera posición, la militar barbilla arriba. Algunos optan por examinarme la puerta, como analizando el tipo de madera que he elegido o la calidad del tirador dorado y redondo que le ponen los fabricantes de puertas. Pero este grupo es minoría, son los que rompen estadísticas. Como todo en la vida, siempre tiene que haber pioneros.

jueves, 17 de marzo de 2011

El plomo pesa por algo

¿Y tú que sabes de España? Pues mira: paella, siesta, playa, torero, tortilla... Qué equivocados que están los guiris. Si hay algo típicamente español, de toda la vida y en cualquier parte del país, es la insistencia. Llámalo insistencia, llámalo pesadez. Somos pesados. Las madres son los grandes referentes siempre de esta característica tan general, pero no son las únicas y ya es hora de que se haga justicia.
Como yo creo que todo (o casi) tiene una finalidad, estoy convencida que si somos así de pesados, es porque necesitamos paz interior. Insistimos, preguntamos y volvemos a preguntar porque, si no, como que no te quedas tranquilo.
Tu vas a cenar a casa de alguien (familiar o no, madre o no) y no hay casa en la que no se pregunte si quieres algo más o si te has quedado con hambre. Y no una vez. Cienes y cienes de veces. ¿Quieres algo más? ¿Te gusta esto? ''Si''. Si no te gusta te hago otra cosa ¿eh? Uiii, no te ha gustado mucho... ''Que sí''. ¿Seguro? ¿Te hago un huevo frito? (el copyright de esto sí lo tienen las madres y las abuelas de cada casa). ''No, no, gracias, no quiero nada más, estoy bien''. ¿Seguro que no quieres nada? ¿Y postre? ¿Una naranja? ¿Una mandarina? Tengo piña en almíbar también... Y daleeeeeeeeeeee, ¡por amor del cielo! Hay que pelearse, casi, para que el otro se quede tranquilo y te deje de insistir. Y cuando ya estás hasta los mismísimos de decir que no a todos los menús paralelos, platos improvisados y postres con calzador, o bien la otra persona logra su paz de espíritu, o bien te remata con un: ''bueeeeeno, pues nada, yo ya más, no te puedo ofrecer''. Con lo que tú concluyes: que pesada es la gente, macho.

Otra posible intención oculta detrás de tanta pesadilla es la de ganarse un amigo. En tu entorno hay alguien que tiene que hacer una dieta, porque tiene el corazón al borde de la huelga como se meta una chistorra más, porque está con alguna movida médica que le obliga a llevar un régimen especial o porque necesita perder peso y todo lo que empiece por choco- y acabe en -late es el enemigo. Pues siempre está el tonto de turno que cree que tentando la voluntad del otro demuestra camaradería y se gana un amigo, cuando lo que consigue en realidad es que el tentado, pobre, sude sangre con cada 'No' que dice. ''¿No quieres un poquito de morcilla? ¿Seguro? Con lo que te gusta a ti la morcilla ¿me vas a hacer el feo? Venga va, que no se lo digo a las enfermeras....'' ¡Bravo majo!. ¿No quieres un bombón? ¿Seguro? Por uno no te va a pasar nada, hombre... ¡Si te encantan! Venga va, toma, no seas tonto...''. Y hala, ahí lo tienes al mamonazo con la tortura disfrazada de complicidad. Y, como insistente que es, no te lo ofrece una vez. El tío se queda ahí rato y rato atrapado con la morcilla de marras o el bombón de los huevos y, hasta que no se le pasa la pajarraca de querer ser más amigo tuyo, no para.
Otro de los objetivos de la insistencia mamporrera es el de demostrar cariño e interés. Situación: hoy se sale, se ha quedado para cenar, somos diecinueve, que ilusión, que risas, ya verás tu. Cena ,copas y el fatídico e inevitable traslado al local donde se acaba la noche (nótese que digo 'se acaba', porque de ahí sale uno así, acabado). Pues siempre hay algún esquirol que, durante el traslado de un sitio a otro, dice que se va. Pues esto, que podría ser un trámite ligero, nos lleva, como mínimo, cuarenta minutos de curda tunera en la calle no haciendo nada más que insistir. (Pónganle la entonación correspondiente a 3,5º de alcohol en sangre): ''Ya te vaaaaaaaaaaaas? Ala tio nooooO! ¿Por queeeeee? Venga venteeeeeeeee''. ''No no, en serio, me voy que mañana trabajo''. ''Nooooo, tioooo, que putadaaaaa! ¡Pues ves a currar sin dormir!'' (consejo ofrecido por el tunante pero cumplidor). ''No tio, sin dormir no que no puedo''. ''Joodeeeeer, tioooooo, pues llama y dí que estás enfermo'' (sugerencia apuntada por el crápula rey del escaqueo).''Que no puedo hacer eso tío, que no, que me voy''. ''Vengaaaaa, vente haces una copa y te piras'' (esto lo dice el ingenuo que aún se cree que existen los cubatas de despedida formal). Y el pobre chico que se quiere ir se queda ahí, de pie en la calle, paciente y a la espera de la siguiente embestida: la de la chica extraña (papel que hemos desempeñado varias y en varias ocasiones). Me explico: tu estás con tu grupo de colegas hablando justo delante del bar del que os han echado, o bien asistiendo a la misma escena de despedida eterna de algún miembro de tu panda, o bien con el debate 'bueno a dónde vamos'. Y mientras estás ahí a lo tuyo, se te acerca uno de los gañanes del otro grupo (el de la resistencia hostil) que te dice: ''¡oyee, ven, dile a mi amigo que no se vaya, anda...! ''.Y tu, ya sea por solidaridad de borrachera o porque no das crédito a lo insólito de la proposición, te giras y le dices: ''oye, que dice tu amigo que no te vayas. Quédate hombre'' .Y abres, así, la fase dos de la insistencia: ''venga tiooooooooo, que te lo dice ellaaaaa, ya te vaaaleee''.
Esto puede ser que acabe aquí, o que siga con una tercera fase: el boicot. Esta etapa se desarrolla en función de cada grupo con artimañas cutres que van desde putearlo de camino al taxi cantándole y gritándole cosas con el lo-lo-lo-loooo de fondo, esconderle las llaves del coche,  cogerle el móvil o abrazarlo a lo burrote, como último cartucho de arrastre. Y ¿por qué se hace esto? Porque si no insistimos parece que lo queramos menos, así que decidimos demostrarle amor jodiéndole media hora de sueño para que al día siguiente se acuerde de nuestra casta mientras trabaja de resaca.
Si no insistes, parece que te da igual el otro.  Es inconcebible que después del ''yo me retiro,que mañana trabajo'' lo siguiente sea: ''vale tio, que descanses!'' . O que después del ''quieres algo más'' tu digas ''no'', y se haga el silencio... Ai silencio, divino tesoro.